En la guerra... : amor.

 Era sé una rosa que nació en tierra de nadie en medio de una guerra, al lado de un clavel que nació con el mismo amanecer de fuego sin tregua. Ambos flor con diferente nombre, en la misma tierra por la que hay lucha de diferencias.


Brotaron con el mismo rocío un poco frío de finales del invierno, justo unos soles antes de la primavera. Escucharon la misma melodía de los pájaros y terminaron de florecer entre sus bailes en sus vuelos y las sombras y los brillos que les dieron sus últimos colores. La rosa era roja como fresas muy maduras y el clavel era blanco nacarado. 


Terminaron de crecer bajo el miedo de bombas, huidas, escasez de alimento y salud; pero con una sabiduría especial, grande y fuerte de la guerra, de la vida, del amor y la amistad. La rosa no conocía otra rosa y el clavel no conocía otro clavel. Eran uno el espejo del otro y el amigo.


La rosa empezó a enamorarse y un día le dijo bajo la luna al clavel antes de dormirse en sus sueños, que le gustaba mucho su olor y el clavel asombrado, la dijo que desde que había crecido, sus colores rojos le inspiraban cada vez más palabras de poesía y cada vez más eran más aterciopelados. Y le confesó que cuando había viento soñaba con el roce de sus pétalos. La rosa le confesó que no solo le gustaba su olor, envidiaba lo divertido que eran los rizos de sus pétalos y su tallo más claro y dócil y bailarín al viento. Le dijo también que nunca querría hacerle daño con sus espinas y que llevaba un tiempo que había empezado a enamorarse. 


Ella no sabía que era rosa, el no sabía que era clavel entonces cuando se preguntaron cómo llamarse el uno al otro; hablaron y a la rosa se le ocurrió un nombre que ponerle dijo: te llamaré Lío; como el sonido de los pájaros cuando llueve, porque es cuando mejor hueles. Y la rosa le pidió un nombre a Lío. A lío le gustó mucho que la rosa apreciase tanto su olor y le gustó el nombre. Entonces miro la luna y recordó como ella le dijo que su color era blanco como el de la luna porque el no podía verse y la dijo que la llamaría: Luna.


Esa noche se enamoraron. 


Lío la regalaba poesía cuando Luna perdía sus pétalos ennegrecidos y la Rosa le acariciaba cuando el viento los mecia y los juntaba con la suavidad de sus pétalos.

Terminaron de crecer enamorados,entre caricias durante las tormentas más duras de la guerra y en los inviernos más fríos. Entre montañas de poesía a luz de la luna de las noches más hermosas, cuando llega la primavera.

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