Cuento capítulo 2 día 2
Hoy mi jardín está lleno de agua, hace un sol caluroso y todo mi jardín brilla. De las casas cuelgan plantas, algunas con flores; en el suelo hay muchos rosales y amapolas. Yo recuerdo ser ese rosal fuerte con espinas y llena de pétalos. Ahora siento ser una de esas amapolas... una increíblemente fuerte, una amapola que su tallo no perece, ante el viento ni el frío; sólo aguanta y baila entre trigales, entre alfalfa morada y amarilla. Hoy las rosas pueden olerse por todos los rincones. Hoy mi camino son calles por las que a veces cierro los ojos y creo caminar en ellas como jardines. Y hay muchas flores mágicas como pendientes de la reina o bolsitas de las hadas y muchas margaritas por las paredes y los rincones grises de esta ciudad, que yo imagino como un mágico jardín. Creo que hoy con tanta agua y tanto sol crecerán flores nuevas, quizá madreselvas; que me recuerden los buenos olores que nos gustaban en la infancia. Quizá venga alguna mariposa de otoño con las alas de hoja seca y vuele entre los árboles y las flores. Quizá crezcan plantas olorosas y por eso huelen las rosas. Quizá un tomillo limón, recordándome el limonero de la esquina de mi calle cuando viví en mi casa de bruja buena y escoba rota. Seguro que quedan margaritas, más feas, más pequeñitas, menos espléndidas; escondidas entre la hierba, esas que me recuerdan los colores de primavera. Hoy bajo el sol, espero las lluvias de otoño e invierno, en un camino lleno de jardines y bosques que crecerán y vivirán y se llenarán de plantas y flores y árboles nuevos. Eso ve mi imaginación y le parece poder ver lo real, mientras camina en este camino lleno de hojas secas en las que poder escribir y dibujar. Gracias ha este lápiz de verano, lleno de paz luz y calor; y esta pluma, llena de tinta de colores madurados y tostados. Algunos que tornan a la plata y evocan la nieve. Otros amarillos como atardeceres de sol oscuro y sombra ocre sepia. Otros muy muy vivos y brillantes como reflejados en un río limpio que corre y salta entre gotas y piedras.
La poesía cultivará mi desidia y mi desdicha después de todo. Solo es una pequeña cosecha, pero a veces valen pocas palabras si llevan aliento de lo más alto y nublado del cielo.
Invitaré a mi jardín en poco tiempo y regalaré frutas y frutos y flores y toda esa hojarasca que cuando venga el tornado fuerte del otoño no consiga llevarse y arrancármelo de mis libretas, ni el aire de mi pecho, el aire de mi poesía, lo poco que cosecho; entre lluvias saladas y playas yermas.
Desidia serás de pan, de grano de trigo desgranado, y te pondré semillas de amapola, porque la sigo queriendo en mis mañanas para apreciar lo ínfimo en lo sutil y su valor como oxígeno del alma de los sueños. Desdicha serás sal de mar de la que nutre flores de mar esas que bailan entre mareas y aguas de emociones fluyendo entre un abrazo al que me sujeto y así no puedo ahogarme. Desdicha serás de esas flores de mar; serás de coral y de alga.
Con poesía escribiré y dibujaré mi camino y mi paisaje, un destino lleno de color, de luz, de vida, de paz, de armonía y de una cosecha linda y grande como esas rosas que ya no siento ser.
Hoy soy amapola
Con el tiempo también volveré a ser rosa.
24 de octubre 2025
Jalea Vega
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